miércoles, 28 de enero de 2009

En el lado oscuro de la ciudad...



Tus ojos se pasearon a tu alrededor buscando algo familiar en ése lugar. Un lugar que no sabias que existía hasta ahora.
Una luna mezquina se esconde tras una nube oscura para no ofrecerte siquiera el consuelo de un poco de luz. Estás sola, muy sola.
Tus ojos por fin se acostumbran a la penumbra circundante y has podido empezar a detallar lo que te rodea. Una plaza de ésas donde ni los niños juegan fútbol de tan deprimentes que son. Escondite de algunos amantes ilícitos que se refugian en las sombras de arbustos jamás podados o se aman sin vergüenza en el pedestal de la estatua de algún Prócer de la Nación, que actualmente es simplemente un banco de cemento ya que hace tiempo un terremoto se encargó de convertir la efigie en un montón de piedras, una de las cuáles, por cierto, mató a una señora que se encontraba en el lugar incorrecto a la hora equivocada... Cosas de la vida... Y de los terremotos...

Has comenzado a caminar ya que el silencio es oprimente y escuchar el sonido de tus propios pasos alivia un poco tu ansiedad.
¿Adonde ir? ¿Qué hacer? ¿Cómo conseguir algo de dinero? ¿Aquello de allá es un hombre asaltando a alguien?

Todas estas preguntas pasan por tu mente mientras caminas. Te ciñes el suéter porque el frío ha aumentado y el viento se muestra inclemente contigo.
Metes la mano en uno de tus bolsillos y sacas un paquete muy arrugado de cigarrillos y al sacar uno recuerdas que tu encendedor se quedó en tu bolso, sobre la mesa de la habitación insalubre de aquel motel que acabas de abandonar.
El recuerdo de ese lugar hace que un escalofrío recorra tu espalda. Sacudes la cabeza para alejar de tu mente las imágenes que empiezan a formarse y vuelves a concentrarte en ubicarte para poder encontrar un sitio que conozcas para sentirte un poco más segura...

***

Tu rostro delata que tu día ha sido bueno. Pero ha sido más que eso. Hoy Sofía accedió a salir contigo. Tanto esfuerzo al fin te ha dado resultado. Te sientes el hombre más afortunado y al montarte en el bus aún no logras disimular la sonrisa que llevas estampada en el rostro y que hace que todos te miren y se rían, pero ¿qué mas da lo que piensen? en este momento sólo importa que esta noche quizás logres avanzar con Sofía e incluso quizás robarle un beso...


La simple idea hace que comiences a reírte solo...


Pero el día es largo, y aún tienes cosas que requieren tu atención, pero una parte de tu pensamiento seguirá puesta en ella, hasta que la veas de nuevo esta noche, lista para salir contigo...

***

Por alguna razón la ciudad en la que siempre te habías ubicado bien , ahora te parecía totalmente extraña. No reconocías ningún lugar, ningún edificio. Todo se ve surrealista a las tres de la mañana, con lluvia, sintiéndote a la deriva y aferrándote a la imágen de la Divina Pastora, que te dio tu abuela antes de morir, como si ella pudiera lograr que el día volviera a empezar para ver si logras que algo salga bien.

Se te ha roto uno de tus tacones y has ido a dar de bruces contra la acera encharcada. En tu boca has sentido un ligero indicio de sabor a sangre. Y lo que te faltaba, un tobillo torcido...

En ése momento algo en tí se ha quebrado irremediablemente...

***
Sofía.

Decir que se veía bella hubiese sido quedarse cortos. Iluminaba la calle al caminar a tu lado. Más que la calle, ella iluminaba toda tu existencia.

En el cine no pudiste ver la pelíula por estar mirándola a ella. Detallando cada una de las arruguitas que le salían alrededor de los ojos cuando se reía, viendo como sus labios se movían levemente al tararear una de las canciones del sountrack, e incluso su rostro al volverse dulcemente hacia a ti bajo la luz de los créditos y sonreirte antes de levantarse para salir con los demás tomada de tu brazo.

El dulce trayecto de vuelta a su casa, escuchándola comentarte cosas de la película sin que tu te dieras por aludido, perdido en sus ojos verdes delineados, tan hermosos que cualquier princesa egipcia se hubiese sentido celosa.

Sofía...

***

Ya no evitas la lluvia. Has terminado por aceptarla como parte de este día fatídico. Has llegado al punto de agradecer su frialdad sobre tu piel, ya que te da la impresión de que se abren grietas ardientes por tu cuerpo. Por lo menos el agua calma ese dolor entumeciendo tus miembros.

De pronto te has detenido bruscamente.

Frente a ti se extiende uno de los puentes de la ciudad. Tu favorito por cierto, pues te encantan los grabados que lo decoran, pero en estos momentos ni lo has notado.

Por tu mente desfilan, con una velocidad de vértigo, todos y cada uno de los recuerdos que hasta ahora habías logrado mantener encerrados en tu mente. Por tus ojos desenfocados pasan las imágenes, sin censura, de tu madre ocultando sus moretones a la luz pública, tu padre drogadicto, pero más que nada de ése bastardo que te convenció para que te acostaras con él y, cuando a mitad de camino, lo rechazaste, se encargó de insultarte, humillarte y casi violarte en medio de su borrachera, y que murió en un borboteo, ahogado en su propia sangre cuando le perforaste el cuello con tu navaja de bolsillo.


Tus ojos se enfocan de nuevo, pero esta vez hay un brillo salvaje en ellos.

Miras de nuevo el puente que se extiende frente a ti, y te preguntas :¿por qué no?

***


Hace 10 minutos llamó el padre de Sofía. Te ha tocado tranquilizarlo y jurarle que ya la estás llevando de regreso, cosa que no es falsa porque quieres estar seguro de ganarte a tu posible suegro.


Como está lloviendo le has dado tu chaqueta, sin embargo, al entrar al porche de su casa notas los millares de minúsculas gotas que tiene en el cabello y que la hacen ver aún mas hermosa, si es que eso es posible. Sabes que dispones del tiempo justo antes de que su padre salga a abrir la puerta a comprobar que su hija vuelve completa y vírgen. Pero antes de que puedas decir una palabra, ella ha levantado el rostro, completamente ruborizada, y te ha pedido que la beses, tan bajito que tu mismo dudaste por un instante de si lo habia dicho o si era producto de tu imaginación adolescente. Sus ojos te sacaron de la duda.


A pesar del nervio inicial, aquel beso dulce lo sentiste como fuego en tus labios, y al separarse ella te confesó que aquel era su primer beso. Le sonreiste y en ése momento sentiste que la puerta se abría. Su padre pareció satisfecho al verlos, tomó a su hija de la mano y al estrechar la tuya te sonrió y te dijo que le parecías un buen muchacho.


Lo ultimo que viste de Sofía fueron sus ojos brillantes antes de que su padre cerrara la puerta tras ellos...
***

Ya has recuperado el equilibrio sobre el borde del puente. Quieres disfrutar de este momento lo más posible antes de acabar con todo.
Rememoras todos los momentos amargos de tu vida a fin de no dudar en el instante de arrojarte al vacío.
Una lágrima se asoma por tu ojo derecho, pero se confunde rápidamente con las gotas de lluvia, por lo que ni siquiera la has notado.
Abres los ojos, miras hacia abajo para encararte con tu oscuro destino, ries y por tu mente sólo resuena una frase: ¿por qué no?


Triste realidad la de los desesperanzados...
***

Al cruzar el puente de vuelta a tu casa, el frío de la lluvia ha logrado distraerte un poco de tu euforia. Y de pronto, al alzar la vista, una silueta a unos pocos metros de ti ha llamado tu atención.

Te tomó un instante comprender que la silueta era de una chica en el borde del puente, con los brazos abiertos y la frase "suicidio" pintada en la frente.

Corriste hacia ella gritando para que te escuchara sobre el estruendo de la lluvia...
***

Has cerrado los ojos, has tomado tu último aliento, ya estás lista. Sólo falta que tu cerebro dé la orden para que tus piernas den un paso hacia adelante.

Y justo cuando tu cerebro da la orden, un grito irrumpe en tu burbuja.

Pero ya es demasiado tarde...
***


Estabas a sólo tres metros de ella cuando viste que su pie izquierdo comenzaba a adelantarse.

Le gritaste. Y en ese instante ella abrió los ojos y en ellos viste confusión y luego pánico. Le extendiste tu mano. Ella te miró a los ojos y entonces viste que ella intentaría extenderte la suya.
Pero el movimiento alteró su precario equilibrio y su mano no alcanzó la tuya...
Lo último que viste de ella fueron sus ojos aterrorizados antes de desaparecer en la oscuridad.
Te dejaste caer al suelo. Poca cuenta te diste de cuando dejó de llover, ni de cuando llegó una patrulla alertada por un conductor, ni de que te llevaron detenido para interrogarte.
Por tres días no pudiste hablar y andabas con la mirada perdida.
El cuarto día despertaste con otros ojos. Unos ojos duros y frios.

Ojos que mostraban como a tus quince años una chica en un puente te arrancó la inocencia desde la raíz del alma y se la llevó junto con su vida a un vacío sin retorno...

Triste realidad la del lado oscuro de la ciudad...

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