jueves, 26 de marzo de 2009

Un diente de león para la Reina...


Hoy viajé a un mundo de fantasía, de la mano de una pequeña de tres años llamada Manantial.
Este mundo se llama El Mundo de Manantial, y es suyo, pues ella es la Reina y gobernante. Sólo algunos elegidos, como yo, podemos tener el privilegio de entrar a él.

En este mundo, el cielo es de color púrpura, la tierra es de color amarillo ocre y el aire huele a fresas en la mañana y a torta en la noche.
Aquí no se camina, se vuela. Y mientras vuelas, puedes alargar la mano y tomar un pellizco del algodón de azúcar del que están hechas las nubes.
La miel es hecha por mariposas y es transparente, por lo que cuando la ves bajo la luz, se ve de mil colores.
En este mágico lugar no se habla, se canta. Las frases se convierten en versos en el aire y el viento trae una leve escarcha brillante y dulce.

En el centro de este mundo vive la Reina Manantial. Debes llevarle un regalo cuando vayas a verla, en agradecimento por dejarte ver su Reino.
Yo le llevé una flor de Diente de león.
Al entregársela me miró confundida.

-Sóplela Majestad-Le dije haciéndo una reverencia.

Ella lo hizo, y las semillas volaron a su alrededor en una hermosa danza antes de ser llevadas por el viento.
La Reina batió las palmas entusiasmada y el sonido de su risa hizo que salieran hermosas estrellas doradas en el cielo.

Cuando tuve que volver a mi mundo, lo vi gris y sin alegría, por eso quise dejar aquí algo de lo que vi en el Mundo de Manantial.
Quizás quien lo lea sonría, y así una pequeña estrella brille en nuestro cielo también...

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