jueves, 27 de agosto de 2009

Una historia en color sepia...

La pequeña niña de ocho años miró hacia arriba y ante sus ojos encontró una mano extendida, un poco más arriba se encontró con el rostro moreno de un chico...

-Bailas?

El era un niño también, contaba con 11 años recién cumplidos. Su cara no mostraba el fastidio de esos niños que se interrelacionan por órdenes maternas, al contrario, mostraba franco interés...

Ella, ruborizada hasta la raíz del cabello, bajó los ojos apenada y negó suavemente con la cabeza.

El sonrió...
Tomó una de las manos que ella mantenía en su regazo, aferradas a su vestido de fiesta y la llevó casi a la rastra hacia el centro del local.
Ella trastrabillaba tras él, murmurando excusas inaudibles y tropezando con las cintas de raso de sus zapatos.
El, en cambio avanzaba con decisión, apartando adultos a su paso

-Permiso, disculpe, perdone, con su permiso...

Por fin él se detiene... Ella alza el rostro y sólo ve trajes de gala a su alrededor... El ambiente se siente cálido mientras decenas de parejas se mueven suavamente al compás de la canción y si se mira con atención se puede percibir la leve niebla de esencias masculinas mezcladas con Chanel N°5 y fijador en aerosol...

Ella intenta volver a su lugar y hace un débil amago de liberar su mano, pero él es más rapido.
La toma por la espalda y la levanta levemente...
Ella siente el impulso de patalear pero, casi inmediatamente siente que él la deposita suavemente sobre el suelo de nuevo...
El suelo? No, no es el suelo. Mira hacia abajo y ve que está parada sobre sus zapatos de cuero.

Ante su cara de desconcierto el chico la mira y le dice:

-Lo ves? Ahora eres como mi espejo, todo lo que yo haga lo harás tú también...

Ella le regala una sonrisa que transluce su nerviosismo, y cuando él toma sus manos nota el leve temblor en ellas...

La canción suena y él comienza a moverse suavemete...
Ella siente como su vestido se bambolea a cada movimiento que hacen, se siente ingrávida, siente que levita sobre los zapatos de aquel chico que no conoce, se siente absorbida por la niebla de olores festivos que se vuelve densa por momentos y amenaza con aturdirla...

Siente como él la aferra con más firmeza y comienza a girar...

Ella cierra los ojos y se deja llevar... Los giros, sutiles pero firmes hacen que el pequeño prendedor de filigrana que sostiene su cabello se dé por vencido y deje que algunos mechones de cabello castaño se escapen hacia su rostro...

Ella abre los ojos y lo ve ahí, tan cerca, tan sonriente, tan cálido...

Le sonríe también...

Ninguno de los dos ha notado que todo el salón está observando su baile...

Las mujeres aferran las manos de sus parejas mientras sus ojos se llenan de lágrimas y los hombres intentan mantener la compostura ante el sentimiento de nostalgia que amenaza con hacerlos temblar, los meseros bajan las bandejas por miedo a que el temblor de sus manos haga caer las copas e incluso el chico de seguridad ha dejado su puesto para acercarse, atraído por el silencio humano que se ha hecho...

Los niños giran y giran en el centro de todas las miradas, de todas las lágrimas contenidas y de todos los sentimientos encontrados...

Ajenos...

Lejanos...

Oníricos...

La canción comienza su final y él hace los giros cada vez más lentos...

El final llega sin prisas, envolviendo en sus dulces notas las almas de los presentes...

Él la abraza y seca con su dedo una lágrima que se desliza por la mejilla de la niña...
La mira a los ojos y le dice:

-Eres la mejor bailarina del mundo...- Y antes de retirarse hace una leve reverencia.

Ella lee sus labios con la facilidad que ocho años de silencio auditivo le han otorgado...

Sonríe, toma el borde de su vestido y hace una reverencia también...

Ella nunca escuchó la oleada de aplausos que les siguió mientras ambos se retiraban...
Él se marchó con sus padres poco después y nunca se volvieron a ver...

Pero años después, ella, a pesar de que su mundo sigue en silencio, cuando recuerda aquel baile le parece sentir en lo mas hondo de su espíritu, la música de aquellos dulces giros...


Los giros de aquel cuyo recuerdo ella guardaría en su Baúl de memorias, junto a un pequeño prendedor de filigrana...

7 Amapolas se marchitan...:

Ignacio Reiva dijo...

Me es dificultoso expresar lo que me ha generado tu relato. A veces creemos que somos defectuosos para disfrutar del baile de la vida, que nuestro cuerpo no está preparado, pero el alma lo suple, cura la imposibilidad de escuchar. Eres increiblemente increíble. Un gran beso.

Anaid* dijo...

A pesar de que llevo largo tiempo escondida en mi Palacio de Plata, leer bellezas como esta me recuerda porque sigo manteniendo mi blog...
Una historia llena de tanto sentimiento, de tanto sonido y silencio a la vez...
La palabra hermoso se me queda pequeña en la boca.

Mil besos grises*

kayako saeki dijo...

lA MAGIA SE DESBORDA KADA VEZ KE ESKRIBES......
Tanta sensibilidad, tanto sentimiento, tanta hermosura......

Las nostalgias y melankolias ke encierra lo maravilloso de la vida... instantes ke son eternos en la memoria de kien los vive....

besos enormes...

Misнa dijo...

Es preciosos amapola, siempre consigues sacar el alma de cada uno de los que te leen. Me encanta pasarme por aqui, porque es como una especie de brisa veraniegsa, que te envuelve y te hace cerrar los ojos apra luego sonreirs.

Muchos besos :D(L)

Gerardo Carvajal dijo...

Insisto en que tienes una manera bonita, aunque esa es una palabra que los hombres nos permitimos utilizar muy poco...

DosBichos dijo...

Que bonito, por Dios.

Unbeso.

P.

Arlekyn dijo...

Y que te digo... prefiero imaginarte que eres esa niña en silencio, creo que mi cara emocionada color sepia te diria mas de lo que puedo elogiar lo que he leido...

Besos imaginarios...