Te está esperando...
Es aquella chica de cabello rizado, falda azul y zapatos negros. La que se debate internamente consigo misma para frenar las ganas que tiene de echar a correr... La que mira disimuladamente su reflejo en las vitrinas y alisa suavemente las arrugas imaginarias que ve en su blusa...
La que suspira mientras de sus cabellos brotan mariposas...
La que lleva al cuello un broche, de esos en los pones fotografías minúsculas.
Pero el suyo aún está vacío. Está esperando a alguien que valga la pena atesorar en ese broche, junto a su corazón...
Te acercas a ella y la tomas suavemente por los hombros mientras la llamas por su nombre al oido...
-Amapola...
Ella se da la vuelta, completamente ruborizada y sonriente y te llama por tu nombre mientras tú jurarías que ves pequeñas partículas brillantes en el aire...
-Sebastián...
Tomas su mano mientras el vidrio de la vitrina se vuelve líquido y cae lentamente... Como en una cascada... Una cascada que huele a lavandas y en la que flotan lirios...
Empieza a llover y, mientras caminan juntos, ella extiende su mano libre y deja que sus dedos rocen el enrejado frente al que van pasando. El sonido rítmico que sus dedos hacen, junto con el leve golpeteo de la lluvia te parecen la mejor canción...
Ella ve tu expresión y sonríe, y las nubes en el cielo de pronto ya no son grises... Se tiñen suavemente de violeta, y las gotas de luvia desaparecen antes de tocar el suelo...
Ella se acerca y te dije bajito:
-Hueles a lluvia...
Tú envidias la gota que se desliza por sus labios mientras modula las palabras...
Ella suelta tu mano bruscamente y pone las suyas frente a tus ojos...
-No veas... Quiero mostrarte algo especial...
Tu ríes y le dices:
-Entonces déjame verte a tí...
Sientes como sus manos tiemblan levemente sobre tu rostro y tienes la certeza de que ella se ha ruborizado de nuevo...
-Quiero que veas el mundo así como lo veo yo...
Sus manos se retiran despacio y tú abres los ojos para ver ese mundo... Su mundo...
Un mundo donde el mar flota a 2 metros sobre el suelo y si saltas con fuerza puedes atrapar un pez con la mano.
El suelo es un vacío oscuro surcado por caminos de estrellas mientras a tu alrededor flotan retazos de sueños olvidados y el aire huele a buhardilla, fotografías nunca vistas y café con chocolate...
Allí no se camina, se deslizan sobre sus pensamientos mientras gorriones blancos juegan a mojarse entre sí en el mar...
El sonido de su voz te ha sobresaltado. Suena melancólico...
-Te gusta?
-Me encanta...
El viento alborota su cabello y tu apartas el mechón que ha caído en su rostro.
Ella te mira con picardía y susurra:
-Alguna vez has volado entre sueños y estrellas?
Y sin esperar tu respuesta toma tu mano y te arrastra junto a ella hacia el vacío.
La caída no es veloz, o al menos no te lo parece.
Vas perdido en sus ojos, que de pronto parecen dorados. En tu mano puedes sentir los latidos de su corazón...
Ella te abraza y te dice:
-Hueles a mar y a algodón de azúcar.
Tú besas con fruición sus labios de espuma de fresas...
Cuando abres los ojos sientes suelo bajo tus pies, ves la ciudad como es de costumbre y escuchas el rumor característico de la humanidad al desplazarse.
Pero ella no está allí...
La buscas a tu alrededor sin éxito.
Sabes que no lo has soñado. En tu mano aún puedes sentir sus latidos y en tu boca aún percibes un hálito de sabor a fresas...
Una corriente de aire pasa a tu lado y tú sonríes y dices, aparentemente a nadie:
-Hueles a estrellas de mar...
Una risa suave suena a tu lado cuando volteas para verla junto a tí de nuevo...
Entre mariposas y retazos de sueños...

3 Amapolas se marchitan...:
Ay, ¡qué cantidad de sensaciones se transmiten en este texto! Y todos esos sabores... Sigues siendo una especialista en esto de escribir, cielo, y no creo que nadie lo vaya a poner en duda (:
Creo que se puede deducir que, simple y llanamente, tu texto me encanta. No creo que haya palabras que lo expresen mejor.
Un beso enorme
Carlos
Oh. He sentido la lluvia.
Muás.
Logras meterme ahí, junto a ellos, a las sensaciones. Que bueno tenerte de vuelta por aquí. Un gran beso.
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